Cualquiera que se acerque estos días al Kaiser-Wilhelm-Museum de Krefeld se encontrará con una retrospectiva bastante exhaustiva dedicada a la figura de Johan Thorn Prikker. Sin embargo, lo realmente interesante es cómo la ciudad ha sabido tejer una red artística alrededor de esta gran muestra. Justo en paralelo, la Villa Goecke acoge una propuesta exquisita que no tiene desperdicio si uno quiere rastrear de cerca los orígenes del expresionismo renano. El galerista Ralph Kleinsimlinghaus ha sacado a la luz una selección de unas 35 piezas, entre pintura y obra gráfica, que ponen el foco directamente en tres creadores que mamaron de la influencia de Prikker: Heinrich Campendonk, Helmuth Macke y Heinrich Nauen.
No es ninguna casualidad que estos tres nombres compartan espacio. Todos hunden sus raíces biográficas en Krefeld y, de hecho, coincidieron en las aulas de la escuela local de artes y oficios, donde el maestro neerlandés estuvo impartiendo clase desde la fundación del centro en 1904 hasta 1910. Ver estas piezas juntas en las salas de la villa es casi como colarse en aquellas primeras lecciones de principios de siglo, palpando cómo la semilla vanguardista iba calando en el talento local.
El arte de la calle asalta el museo en Emmerich
Mientras en Krefeld se respira ese peso histórico de las vanguardias clásicas, la ruta del arte por el Bajo Rin nos propone un salto sin red hacia algo mucho más visceral en el museo PAN de Emmerich. Allí, el concepto tradicional de lienzo salta por los aires con la exposición Freiheit für Kunst (Libertad para el arte), protagonizada por la contundente serie de cuadros sobre vallas publicitarias de Thomas Baumgärtel.
El mítico «Bananensprayer» no quiso perderse la inauguración de su propia muestra y se dejó caer por el museo para defender su obra en persona. Fue el antiguo concejal de cultura de Duisburgo, Karl Janssen, quien le dio la bienvenida antes de que el artista se metiera de lleno en una charla bastante reveladora con la comisaria del centro, Christiane van Haaren. Quien se pase por allí antes del 31 de julio se va a topar con casi un centenar de piezas donde el archiconocido plátano pintado a spray cobra una nueva dimensión al mezclarse con infinidad de motivos. Lo que verdaderamente engancha de esta propuesta es el formato material en sí: Baumgärtel lleva desde 2015 experimentando con la parte trasera de gruesos carteles publicitarios encolados que rescata de la calle. Es una obra que nace del desecho urbano, se reinventa en el taller y acaba reclamando su espacio legítimo entre las paredes de una institución, demostrando que el diálogo entre el pasado pictórico y la rebeldía urbana actual sigue más vivo que nunca en la región.